Inicio Opinión La locura metafórica del fútbol mexicano… / Por José Hermilo Amezcua

La locura metafórica del fútbol mexicano… / Por José Hermilo Amezcua

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No hay un dato exacto y comprobable que atribuya esta famosa frase a Albert Einstein, donde indica que “la locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”, pero la haya dicho o no, aplica muy bien para los males que aquejan al fútbol mexicano.

La reciente eliminación ante Inglaterra en octavos de final no solo comprueba el real nivel que ha tenido desde siempre el balompié azteca, cuyo techo no va más allá del quinto partido, sino también la urgencia de un cambio radical.

Si ese mismo científico estudiara las carencias del fútbol mexicano, se daría muy bien cuenta de que en este deporte, cada vez que se tiene una competencia importante, se hace lo mismo y, por consecuencia, se tienen siempre los mismos resultados.

Está claro que no basta con cambiar el tubo de ensayo; lo que hay que cambiar son las variables, y ahí se encuentra el principal problema de la falta de buenos resultados.

Y así es y ha sido durante décadas. En México, cada Mundial parece un laboratorio donde se repite exactamente el mismo proceso: cambian los entrenadores, aparecen nuevas promesas, resurgen los discursos de ilusión y, al final, el resultado vuelve a parecerse demasiado al anterior.

Querido lector solo revise puntualmente cada Mundial en que se ha participado y se dará usted cuenta de que todo es igual. Nada cambia.

Por supuesto que hay garbanzos de a libra, pero son triunfos fortuitos, muchas veces provocados por algunos que deciden cambiar las reglas y arriesgan todo. Entonces llegan los triunfos que alimentan la esperanza: un par de campeonatos Sub-17, una medalla de oro olímpica, una victoria histórica ante una potencia.

Si esos lauros no se capitalizan y se reflejan en la selección mayor, terminan siendo excepciones. No se niegan los triunfos; se niega que sean producto de un proceso sano que produzca excelencia.

El problema es que, a lo largo de mucho tiempo, se toman las mismas decisiones y existen los mismos intereses, esperando que por arte de magia los resultados cambien y se evolucione. El mal del fútbol mexicano no es la falta de talento, que quede claro. Es la falta de un proyecto deportivo que esté muy por encima de los intereses económicos.

Cada Mundial se repite el mismo modelo de competencia, las mismas decisiones, los mismos incentivos económicos y las mismas explicaciones después de cada fracaso. Y lo más triste de todo esto es que, mientras el negocio siga funcionando, la urgencia por transformar el sistema será igual o peor.

Siguiendo el camino del científico, este dice por su amplia experiencia que, cuando los resultados no cambian, no basta con cambiar los nombres; lo que hay que cambiar es el método.

Y quizás esa sea la lección que el fútbol mexicano, sus dirigentes y sus clubes llevan décadas sin aprender, entender y aplicar.

Y aquí, aunque la locura en términos médicos no aplica, la locura metafórica asoma contundente porque es la contradicción más absurda de insistir durante varias décadas en aplicar el mismo modelo, las mismas formas, las mismas palabras, esperando que los resultados sean los mejores. Vaya cosa de locos ¿o no?

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