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¿Es esta la transformación que prometieron?  Aquí no pasa nada / Por JHAD

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¿Es esta la transformación que prometieron?  Aquí no pasa nada / Por JHAD

Desde que el movimiento de la Cuarta Transformación llegó al poder, las promesas eran claras y objetivas: terminar con la corrupción, los privilegios y el nepotismo que ejercieron con total impunidad los gobiernos anteriores Esa fue su bandera y su razón de ser. De hecho, ese factor favoreció para lograr su contundente triunfo en 2018.

Sin embargo, después de la algarabía histórica de aquella victoria, de ese tiempo a la fecha se han documentado infinidad de escándalos de quienes se suponía terminarían con ese flagelo social y tan endémico de nuestro país, sin que hasta el momento se tenga una sanción ejemplar a los actores principales del cochinero.

Para controlar la narrativa negativa de esas acciones y con cierta maña, aplican una lógica muy simple cada que estalla un nuevo escándalo. Primero se condena el acto. Se releva al funcionario. Lo ubican en otro espacio. Lo justifican y esperan pacientemente a que la opinión pública lo olvide.

Esa fórmula les ha dado grandes resultados a los dos gobiernos morenistas porque no se enfrentan al problema, lo evaden, lo dejan pasar, Todo sigue igual y nada cambia. Es la impunidad en su máxima expresión.

Con López Obrador aparecieron casos donde utilizaron exitosamente ese esquema, entre otros, la casa gris de Houston, Segalmex, los sobres amarillos con dinero para las campañas y les funcionó perfecto. Hasta este momento, todos los involucrados gozan de cabal salud.

Con la presidenta Sheinbaum, en tan solo dos años de gobierno, las controversias no desaparecieron, al contrario, parece que cada día aumentan más.

Y como si fuera un deja vu, el mismo manejo de la crisis aparece puntual y certera para no castigar a los responsables. Vuelve la condena, justifican al funcionario mayor y esperan a que el tiempo sepulte el escándalo por uno nuevo.

Para ellos, nadie de su tribu es culpable, pero eso sí, buscan al eslabón más débil para cargarle toda la responsabilidad existente. Con esto, la impunidad cabalga firme y radiante por el país, porque nadie se encarga de castigar con la ley en la mano a los verdaderos perpetuadores del abuso.

Casos tan oscuros como el huachicol fiscal, la barredora y sus secuaces, las poco transparentes licitaciones del ejército y de la marina y las adjudicaciones a proveedores con antecedentes polémicos son la muestra de  que aquí no pasa nada.

Y justo ahora, cuando los escándalos se multiplican, aparece doña Guadalupe Tadei, ex presidenta del INE quien se encuentra bajo escrutinio por presuntas irregularidades en contrataciones del organismo.

Se sabe que las investigaciones de ese caso ya están en marcha, sin embargo, el ciclo parece repetirse. Desde la máxima tribuna la colocan como víctima. Los medios amigos la justifican y, parece que están a la espera de que un nuevo escándalo surja para superar a éste.

Tadei seguramente aguantará las críticas y sufrirá un poco, pero sabedora de que no pasará nada, al final sonreirá y disfrutará de sus ganancias esperando que el tiempo se encargue de difuminarla de la opinión públicas. Sí, igual que todos los malandros que están incrustados en el morenismo.

Y es aquí donde se encuentra el verdadero dilema. Si los gobiernos de la Cuarta Transformación llegaron prometiendo que la corrupción y los vicios serían cosa del pasado, ¿por qué en los hechos todo sigue siendo lo mismo?

La honestidad no se demuestra con discursos, ni la justicia se aplica desde las conferencias mañanera, se ejerce con investigaciones independientes, con resultados verificables y consecuencias legales, de lo contrario seguiremos observando que aquí no pasa nada.

Acaso: ¿Es esta la transformación que prometieron?

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