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Más gente y más políticos como Guillermo del Toro / Por JHAD

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Más gente y más políticos como Guillermo del Toro / Por JHAD

Triunfador empedernido, maravillosamente humano, brillantemente solidario, generoso, sensible y dueño de una mirada tierna y justa que parece escasa en un mundo materialista y brusco, Guillermo del Toro asoma su voz y su presencia en cualquier escenario que llega.

En días pasados el cineasta mexicano participó en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) 2026, donde presentó la versión 3D remasterizada de El laberinto del fauno y recibió la Medalla Filmoteca UNAM. Ahí ofreció un mensaje que conmovió a los presentes y demostró su lado más humano y tierno.

Del Toro rompió en llanto debido a la tristeza e impotencia que le causa el “mundo en ruinas” que las viejas generaciones le están heredando a los jóvenes y en su mensaje ponderó que solo el amor podría cambiar esa dinámica que tiene al mundo vuelto loco.

Originario de Guadalajara, y conocedor de las protestas que se llevan a cabo por el agua contaminada que corre por las tuberías de su ciudad natal, se sumó al reclamo y alzó la voz contra la insensibilidad de las autoridades y de paso abrió el escenario para que esas protestas no queden sin ser escuchadas y resueltas.

Y es ahí, donde la magia de su voz y de su presencia se siente. Del Toro es mucho más que un director extraordinario. Es un hombre que entiende que el talento no sirve únicamente para construir una carrera, sino también sirve para abrir puertas, tender la mano y demostrar que nadie debería quedarse atrás por carecer de oportunidades.

Y eso es precisamente lo que necesitamos en México. Más gente con esa sensibilidad. Más políticos que entiendan que gobernar no consiste en acumular poder, repartir culpas, fabricar enemigos o defender intereses personales, sino en mejorar la vida de los demás.

Más funcionarios que se conmuevan ante el dolor ajeno, que escuchen antes de ordenar y que comprendan que detrás de cada cifra hay una persona, una familia, una historia y una esperanza.

Porque la política, cuando pierde la sensibilidad, se convierte en una maquinaria fría de ambiciones locas y desenfrenadas. Y cuando el poder se ejerce sin empatía, poco importa cuántos discursos se pronuncien o cuántas promesas se hagan. Todos terminan alejándose de la gente a la que debería servir y ayudar.

Ojalá tuviéramos más tipos como del Toro en todos los ámbitos de la vida nacional. En la política, en la educación, en la cultura, en las instituciones y en las calles. Personas que no necesiten humillar a nadie para demostrar su grandeza, ni destruir al adversario para sentirse vencedoras.

México no necesita solamente más hombres y mujeres exitosos. Necesita más personas buenas, sensibles y comprometidas con los demás. Porque un país no se transforma únicamente con dinero, obras o poder. También se transforma con empatía, con generosidad y con la voluntad de hacer algo por quien más lo necesita.

Y si un cineasta como Del Toro puede recordarnos todo eso desde una pantalla, desde un gesto y desde un discurso,  habría que preguntarnos por qué tantos políticos, que tienen en sus manos la posibilidad de cambiar la vida de millones de personas, parecen haberlo olvidado. Sí, igualito como sucede en México.

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