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InicioOpiniónEl acusado perfecto / Por Jorge García

El acusado perfecto / Por Jorge García

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Las grandes crisis políticas no comienzan cuando aparece el primer escándalo, comienzan cuando alguien decide cuál será el primer escándalo del que hablará la sociedad. Quien controla ese momento controla también el marco con el que se interpretará todo lo demás. 

Por eso la decisión de un juez de dictar prisión preventiva contra Ernesto Ruffo y otros siete presuntos integrantes de una red de huachicol fiscal trasciende el ámbito judicial y adquiere una enorme relevancia política.

La mayoría de los analistas ha interpretado el hecho como una acción legal, una venganza o incluso una cortina de humo y sin duda tienen parte de verdad, pero la razón más importante para el gobierno de Claudia Sheinbaum está en el control del relato.

Desde hace meses, medios nacionales como Código Magenta e internacionales han publicado investigaciones que señalan a figuras relevantes de Morena, entre ellas Andy López Beltrán, al ex secretario de Marina, así como a funcionarios de alto nivel del gobierno federal, como líderes de una presunta red de contrabando de combustibles. Paralelamente, se publicaron recientemente audios de la gobernadora Marina del Pilar negociando por teléfono con autoridades estadounidenses confesiones suyas a cambio de beneficios en investigaciones en su contra en aquelpaís, mientras diversos medios sostienen que legisladores y gobernadores de su partido también han establecido contactos con agencias de Estados Unidos para colaborar en investigaciones en curso. 

En este contexto, el gobierno enfrentaba la posibilidad de que le estalle una serie de escándalos con el potencial de erosionar gravemente la que había sido su principal fortaleza narrativa, haberse presentado como el movimiento que combate la corrupción y representa una alternativa moral frente a los partidos tradicionales. La frase de “No somos iguales” ya suena más vacía que mi cuenta de ahorros en enero.

Si el primer personaje de alto perfil procesado pertenece históricamente a la oposición y además participa en la construcción de un nuevo partido político como Somos México, la narrativa deja de centrarse en un supuesto problema exclusivo del oficialismo y comienza a percibirse como un fenómeno que alcanza a toda la clase política mexicana.

No sé si existen elementos suficientes para procesar a Ernesto Ruffo Appel, eso lo deberá determinar a un juez. Lo que sí resulta evidente es la selectividad de la justicia mexicana y la lógica de la comunicación estratégica. Si en las próximas semanas se revelan investigaciones en Estados Unidos contra figuras de Morena, el impacto político será muy distinto si antes ya fueron acusados en México personajes de la oposición o empresarios de alto perfil. El relato dejaría de ser el de un partido presuntamente infiltrado por el crimen organizado para convertirse en el de una clase política y económica en su conjunto corroída por la corrupción. El escándalo no desaparece, simplemente se reparte, se despersonaliza. 

Sin embargo, la lógica estratégica tampoco se agota con la detención de un opositor. Para que el relato funcione, necesita continuidad. Es previsible que en los próximos meses aparezcan nuevas revelaciones de implicados provenientes de distintos partidos políticos, del sector empresarial o de otros espacios de poder, con el objetivo de que el escándalo deje de percibirse como un problema exclusivo del oficialismo y se interprete como la evidencia de un sistema entero contaminado. En comunicación política, dispersar la atención suele ser más efectivo que intentar negar los hechos. A esto se le llama una estrategia de control de daños y Ramírez Cuevas es un experto en la manipulación de la percepción ciudadana.

La psicología cognitiva conoce este fenómeno como efecto de primacía que indica que la primera información que recibe una persona se convierte en la más relevante y en el punto de referencia para interpretar todo lo que viene después, el primer acusado se vuelve el referente para los demás. 

Si esa hipótesis es correcta, el caso de Ruffo Appel no solo tendría una dimensión judicial; tendría, sobre todo, una función narrativa. El objetivo sería evitar que el debate se concentre exclusivamente en Morena y trasladarlo hacia una discusión más amplia sobre la corrupción estructural de la clase política mexicana, un contexto que, además, podría fortalecer el discurso oficial en favor de la reforma judicial recientemente implementada.

En política moderna, las crisis no siempre se enfrentan negándolas. Generalmente se administran dosificando la información o modificando el orden en que la sociedad las conoce. Al respecto el politólogo Bernard Cohen decía “La prensa no tiene mucho éxito en decirle a la gente qué pensar, pero es increíblemente exitosa en decirle a sus lectores sobre qué pensar.” 

Porque al final, quien controla el primer golpe, suele controlar también el relato.

Jagarma2013@gmail.com 

El cargo El acusado perfecto / Por Jorge García apareció primero en Reporte 32 MX, El medio digital de México.

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