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El procesamiento de alimentos no es absoluto: una nueva mirada a lo que comemos

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¿Sabías que los llamados “alimentos ultraprocesados” en realidad no existen? Lo que hay son alimentos crudos o procesados. Y bajo esa premisa, vale la pena cuestionar lo que comemos sin sentir culpa ni miedo.

Recientemente se llevó a cabo el VIII Congreso FoodTech Evolution, en la Universidad Iberoamericana, en el cual especialistas trataron el tema de los alimentos “ultraprocesados”, dándonos una cátedra precisamente sobre el mal uso de este término.

Y es que durante los últimos años, el término de “ultraprocesado” se ha vuelto una etiqueta con carga negativa. Se usa para señalar todo lo que parece artificial, dañino o poco saludable, sin embargo, la ciencia empieza a ofrecer una mirada más equilibrada: el procesamiento no es el enemigo, sino una herramienta que ha transformado la manera en que nos alimentamos y ha permitido conservar los alimentos hasta llegar a sus destinos.

Por ello, desde la ciencia de los alimentos surge una aclaración fundamental: los alimentos ultraprocesados, como tal, no existen. Lo que sí existe son alimentos crudos o procesados, y prácticamente todo lo que consumimos —desde una ensalada hasta un yogurt— pasa por algún tipo de proceso.

Una red flag en la comunicación sobre nutrición son mensajes como “todo o nada”, “este alimento es tóxico”; “solo hay una forma correcta de comer.” Este tipo de afirmaciones simplifica en exceso la ciencia y puede generar miedo, culpa y ansiedad alrededor de la comida. 

Aquí es donde aparece un punto clave que pocas veces se explica: el nivel de procesamiento no determina por sí solo la calidad nutrimental de un alimento. La innovación alimentaria, por lo tanto, no tendría que centrarse en juzgar el proceso, sino en mejorar la reformulación, es decir, en crear productos con mejores nutrientes y perfiles más balanceados.

Es por ello, que más que satanizar, la pregunta de fondo debería ser: ¿Qué evidencia científica existe sobre lo que comemos y cómo podemos tomar decisiones informadas? Si un mensaje te hace sentir miedo, detente y pregúntate: ¿está basado en datos o en emociones?

El procesamiento de alimentos no es blanco o negro. Es un continuo de técnicas, conocimientos y procesos que han evolucionado para mejorar lo que llega a nuestras mesas. Apostemos por una comunicación que eduque, no que asuste, y construyamos una relación más equilibrada, consciente y basada en evidencia con los alimentos de todos los días.

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